Hay nudos en los cordones,
en el pelo
y numerosos en los cables.
Hay nudos de libro,
en el mar
e incluso copiosos nudos gastronómicos.
Sin embargo, el más astuto de todos
es el de mi garganta,
que contagia a mi estómago
y me hace sentir ovillo.
martes, 20 de abril de 2010
miércoles, 14 de abril de 2010
Soledad voluntaria.
La Fusca duerme, yo hablo sola y mi ordenador está quemado. Triste no, irrisorio.
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